El carácter dúctil de las nanotecnologías hace que puedan ser aplicadas en prácticamente cualquier rama de la producción, y su potencial de impacto es enorme. No obstante, existe muy poco conocimiento sobre los posibles efectos tóxicos, y las consecuencias de los materiales nanoestructurados sobre nuestra salud, alimentación, trabajo, sociedad y medio ambiente. En este terreno, como en otros, corremos un serio riesgo de que los productos lleguen al mercado sin suficiente debate previo acerca de qué tecnologías necesitamos para aproximarnos a qué clase de metas humanas.